viernes, 27 de abril de 2018

BIOGRAFÍA


Guillermo Fadanelli nació en la ciudad de México en el Hospital del Sagrado Corazón ubicado en Calzada de Tlalpan. Un hospital que ha dejado de existir: ahora es un hotel. A los nueve años libra su primera pelea con los puños y un niño al que apodaban el Caperuza le parte la madre. A los once años, su padre lo mete a una escuela militar donde en lugar de corregirse se hace más cínico. A los trece gana su primera pelea después de un amplio historial de derrotas. A los dieciocho tiene su primer auto: un Rambler 67. Su primer viaje es a San Francisco a los veintiuno. Allí conoce a su tío Johnny, ex-combatiente de Vietnam, quien lo inicia en el arte de beber toneladas de cerveza. A principios de los años ochenta entra a estudiar Ingeniería y nunca obtiene el título porque evita entrar a clases. Aquí es cuando la literatura comienza a ser interesante para él. En Ingeniería conoce a Yolanda Martínez y al lado de un grupo de amigos funda la revista Moho. Su primer libro se titula El día que la vea la voy a matar publicado por editorial Grijalbo. A principios de los noventa cuida árboles de Navidad en la esquina de la 87 y la Segunda Avenida de Nueva York: le pagan 1,500 dólares. Después trabaja como dependiente de una pastelería en Madrid; no recibe sueldo, pero a cambio de su trabajo le dan techo y alimentos. Vive en Berlín un año y se sorprende que sirvan tibia la cerveza. También se interesa en la biografía de los Hohenzollern. En Bogotá y La Habana hace buenos amigos. En Lima deja plantada a la prensa (un diario anuncia su desaparición y posible secuestro) y en Graz va a beber con el director del Museo de Criminología. Ha publicado varias novelas y se aferra a seguir al frente de Editorial Moho. Ya casi no tiene amigos porque los ha perdido con el pasar de los años. Y parece estar muy contento.

jueves, 26 de abril de 2018

EL MAPA DEL CATACLISMO


Texto de Naief Yehya sobre la novela AL FINAL DEL PERIFÉRICO de Guillermo Fadanelli.

“En su novela Al final de periférico, Guillermo Fadanelli hace un recuento, con toques de crónica, acerca del lugar donde pasó buena parte de su adolescencia: Coapa… El autor hace una disección de los dialectos, las manías y las obsesiones que ofrecían nuevas formas de ser capitalino: mucho más que una crónica de la gentrificación y más allá de una impactante serie de recuentos cómicos, grotescos, violentos y melancólicos de adolescencia… Por un lado hay una notable reflexión del fenómeno de la suburbanización de una ciudad, en imitación de fantasías y modelos estadunidenses de salvación y escape de lo que veían como la chusma y la violencia de las urbes.”

lunes, 12 de febrero de 2018

CONVERSACIÓN



Obra reciente de GUILLERMO FADANELLI. Conversan Naief Yehya, Rafael Pérez Gay y Luis Muñoz Oliveira. Libros:
MEDITACIONES DESDE EL SUBSUELO.
EL BILLAR DE LOS SUIZOS Y AL FINAL DEL PERIFÉRICO.

Pulquería Insurgentes. 19:30 hrs.
JUEVES 22 DE FEBRERO DE 2018.

viernes, 19 de enero de 2018

FEMINISMO Y MISOGINIA: ¿UNA GUERRA FRÍA?

Tengo la impresión de que hoy en día referirse a los hombres y las mujeres y a su papel en los movimientos sociales o en el terreno de la justicia humana puede acarrear frondosas discusiones o, si no se tiene cuidado, dar lugar a lapidaciones espontáneas y a consignas anacrónicas. Como si en realidad hombres y mujeres agotaran la diversidad sexual y representaran los polos absolutos del género humano, como si ambos conformaran los dos ejércitos involucrados en una guerra fría que amenaza con estallar por el motivo más inesperado: ¡El Terror! Todo movimiento político, más allá de las causas que lo mueven o justifican, suele ser acompañado de un determinado y minúsculo contingente radical que puede llegar a crecer al punto de olvidarse de los propósitos originales y socavar una posición política positiva hasta el grado de tornarla peligrosa, injusta o ridícula (en el mejor de los casos). La militancia cerril es ajena a mi persona, pero eso no me impide simpatizar con casi cualquier movimiento o aglomeración social que defienda a los habitantes más débiles: sean estos, niños, ancianas, hombres, ciegos, mujeres, chaparros, altas, gordos, flacas, con mirada de águila o lechuza, con pies planos o amputados, con semblante de mosca muerta o avispados y etcétera: todo aquel que sea objeto de crueldad, acoso, violencia, extorsión, o sea excluido de los mínimos bienes que ofrece la civilización y el progreso ético tendría —por decoro, al menos— que ser defendido contra aquellas sabandijas que se aprovechen de su condición indefensa. Es a raíz de tal imperativo que cualquier movimiento que haga alusión a la debilidad e intente equilibrar —política o socialmente— tales diferencias tiene mi adhesión, pero no el voto a ciegas, pues de hacerlo cometería yo un error fundamental: disminuir o despreciar la diversidad, complejidad y la conversación humanas para reducir a sus participantes a ser las piezas de un juego tiránico en donde yo decido quien representa el mal y quien el bien. (Recordarán la terrible y reveladora frase que pronunció el nazi H. Göring cuando le solicitaron clemencia para una víctima: “Yo decido quien es judío, y quien no.”) El extremista o tirano en potencia adherido a cualquier movimiento social cuyas causas son legítimas termina exclamando, como Göring: “Yo decido quien vive y quien muere; quien tiene derechos y quien no, quien es misógino y quien es un aliado de nuestro ejército”.    
     Antes de que alguien se considere un libertador o defensor a ultranza de cualquier causa, primero debería mostrar sus dotes de humanismo (credenciales, sí), su capacidad de tolerancia y sus reales propósitos de extender la libertad. ¿Qué clase de libertad? La que supone construcción de límites inteligentes y no un elemental salto de obstáculos o un mero quitarse de encima lo estorboso. Esta última clase de libertad terminaría siendo parecida a un torbellino que lo arrasa todo y destruye cualquier edificación. Un misántropo (no misógino) como lo soy yo, testigo de la lluvia actual de consignas extremistas o fascistas de cualquier clase, y luego de cavilar y mirar de cerca el asunto, responde siempre al guiño fascista alzando la voz y diciendo: “No estoy de acuerdo”.  (Tal parece que la dulce ataraxia me está vedada).
     Cuando pienso en El libro de Genji escrito en el siglo XI por la escritora japonesa doña Musaraki; o en Marie de Gournay, escritora y ensayista audaz del siglo XVI y quien vivió una de las épocas más oscuras y sangrientas consecuencia del antagonismo religioso europeo; o me detengo en todas aquellas mujeres cuya obra artística o talento científico o filosófico ha sido notable (Susan Greenfield, Carson McCullers, Inés Arredondo, Virginia Woolf, Hannah Arendt, Martha Nussbaum… y un agotador etcétera) no se me ocurre compararlas u oponerlas a los hombres (como si todas ellas conformaran una entidad sin fisuras o un concepto sólido) porque tal hecho representaría, ya en sí, un desacato racional e intuitivo colmado de una candidez insoportable a mi edad. Hacerlo no haría más que aceptar las reglas de un juego y estado opresivo: la división de un mundo despótico entre hombres y mujeres que rivalizan haciendo a un lado la existencia de individuos y seres singulares. Resistirme a abordar al arca de Noé me hace más libre y me da distancia para observar y actuar. Si ustedes leen en París era una fiesta, de Ernest Hemingway la sacudida y aporreo que le da Gertrude Stein al más famoso de los escritores de la Generación Perdida, comprenderán a lo que me refiero. La señora Stein daba unos juicios abominables respecto al sexo, que dejaban temblando a todo París; sin embargo, había experiencia, sabiduría y arte en sus juicios, por demás tajantes. Uno puede estar de acuerdo con ella o no, pero eso carece de importancia cuando se piensa que ni Stein ni Hemingway se deseaban mutuamente la horca.
     No veo más enredo: mujeres, hombres y géneros restantes tienen que gozar de igualdad ante las leyes cuya redacción o contenido ha de tomar en cuenta la especificidad propia de cada minoría. En una democracia efectiva el respeto por las minorías o por quienes son diferentes le otorga calidad a las mayorías. Que un rinoceronte apelmazado como Trump —por ejemplo— encarne él mismo en un disparate racista, misógino y ordinario ha alentado una respuesta feroz legítima, pero que no tendría por qué ser extendida al resto de los hombres que no se comportan como él. Quien cometa este elemental tropiezo, mezcle sin medida y lance piedras a ciegas se descubrirá a sí mismo como un extremista cuyos motivos de lucha seguramente estarán velados a los demás por ser profundamente subjetivos. No conozco una especulación o filosofía de la mente respetable que divida a la conciencia o al sujeto de la experiencia en rosa o en azul. Su trabajo es examinar el yo y sus vaivenes epistemológicos, no decirnos que un cerebro es mejor que otro. ¿Y que sucede en la realidad? ¿En el mundo cotidiano y callejero?, habrán de preguntarme. Me parece evidente que un hombre que acosa, hace uso y obtiene provecho de su fuerza bestial y humilla a las mujeres es, civilmente, un criminal. Y “hay que darle”, como diría mi madre.        

Guillermo Fadanelli    

viernes, 27 de octubre de 2017

El billar de los suizos

Libro publicado





EL BILLAR DE LOS SUIZOS
Libro de crónicas de Guillermo Fadanelli.

Cal y Arena. 2017


Lo poco que me es posible prometer aquí es que si mis crónicas se leen con buen ánimo y sin mala leche entonces el viaje será compartido y nadie se arrepentirá. “La gente no es mala si tiene espacio donde moverse”, se escucha decir a un personaje en Hotel Savoy, la novela de Joseph Roth. Mas yo añadiría que el espacio en donde uno puede moverse se relaciona más con la libertad, la curiosidad y la imaginación que con el espacio mismo (en el espacio lo extraño es mera continuación de lo conocido). De lo contrario, lo más conveniente habría sido, en mi caso, realizar un viaje de cuarenta días alrededor de mi habitación y no exponer a los otros al mal rato de mi presencia y compañía. Aunque en general fui un viajero solitario, no grato y modesto llegué a urdir amistades que hicieron de mi vagancia algo memorable o, al menos, un suceso digno de recuerdo. Es posible que muchas de ellas no me guarden en su memoria, ya que ejercí con mucho cuidado la sana acción de pasar inadvertido —hasta donde mi temperamento lo permitió—, mas a todas estas personas, intensas y ocasionales, dedico este libro de crónicas.


EL BILLAR DE LOS SUIZOS UN MANUAL PARA EL BUEN VAGO. YACONIC.
http://www.yaconic.com/el-billar-de-los-suizos/

En Cal y Arena
https://edicionescalyarena.com.mx/libros/el-billar-de-los-suizos-memorias-atendidas/

sábado, 18 de febrero de 2017

SOY UN PESIMISTA Y CREO QUE NO HAY REDENCIÓN

Entrevista a Guillermo Fadanelli por Alida Piñón.

El Universal. 18 de febrero de 2017.

El escritor Guillermo Fadanelli acaba de publicar su nueva novela AL FINAL DEL PERIFÉRICO en la que aborda su adolescencia al lado de sus amigos. Es, de acuerdo al propio autor, un libro sobre la memoria y la literatura, en el que ha buscado compartir sus recuerdos y vivencias ocurridas durante los años 70.

Sin embargo, advierte que la biografía es un mito porque la memoria es más un pasado emocional que preciso. Es una obra sobre un México inexistente, sobre un país que soñaba con el progreso y comenzó a poblar y a conquistar territorio desconocido en lo que entonces era la orilla de la gran urbe. Allá donde había vacas ordeñables y niños que exploraban su sexualidad y se entregan a sus instintos más primitivos, o as sus deseos más oscuros como matar a sus padres.

La portada del libro es una vieja fotografía del archivo de Guillermo Fadanelli, tomada por él mismo. En la imagen aparece su hermana posando al lado de una bicicleta Venecia. Su sombra y su hermana aparecen en el final del Periférico, con Cuemanco de fondo. Una imagen que captura un tiempo perdido, ahora recuperado literariamente en esta novela editada por Random House.

¿La novela inicia con un adolescente que amenaza con una arma al compañero de clase por tener encerrada a su hermana. No disparará. Hoy, vemos a adolescentes que sí lo hacen. El mundo cambió. ¿Hoy es distinta la violencia?

GF: La novela se ubica en lo que en ese entonces era residencial Coapa, en una época en la que comenzaron las prótesis de las ciudades. La idea de los paraísos y de la marginalidad. Todos esos niños iban a buenos colegios y estaban condenados a ser felices, a tener una vida de éxito. Pero se confabulan para matar a sus padres. Es una metáfora, es disparar contra la felicidad y contra la seguridad, contra la posibilidad de tener todo resuelto. Ciudad Satélite, Residencial Coapa y lugares así, representaban la vida americana dentro de la Ciudad de México en los años 70, eran los suburbios. Y el suburbio es un terreno de ambigüedad, perteneces y no, te has separado del núcleo y sin embargo vives del núcleo. Estos niños bárbaros, primitivos, por más buena educación que tuvieran, se les ocurre como a cualquier adolescente, deshacerse de sus padres. Es la narración de una época en la que todo puede suceder. La imaginación comienza a tomar camino. No había un odio colectivo hacia los padres, eso es una farsa literaria, pero sí había una animadversión contra la idea del éxito, hay una parábola contra la idea del éxito. Las familias son nidos de conflicto, de sufrimiento y de rencor. Pese a que tengo una familia perfectamente desordenada, en ese entonces se cultivaba a los propios verdugos en el seno de su casa. No he puesto tanta atención en las armas sino en una especie de comunidad sombría, alejada en el fin del periférico, que representaba los ideales marchitos de una sociedad que quería progresar. Arriba y adelante era un lema de Luis Echeverría, hoy podemos constatar que fue abajo y atrás, desde entonces.

Era una zona en la que no había casi nada. Alejada y desolada.

Mis amigos y yo íbamos a ordeñar unas vacas. Era un desierto. No he vuelto a esa zona, nunca. No lo he hecho porque mis padres murieron y soy un hombre cobarde por naturaleza, no vuelvo a la casa que hoy es una tumba. Los recuerdos me destrozarían...

Continúa en:
http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2017/02/18/soy-un-pesimista-y-creo-que-no-hay-redencion

lunes, 2 de enero de 2017

EN BUSCA DE UN INFIERNO HABITABLE


ENTREVISTA POR REVISTA DARE-ALEMANIA


EN BUSCA DE UN INFIERNO HABITABLE

Por Frank Steihofer (Spiegel, Süddeutsche). 2 de enero de 2017.

Guillermo Fadanelli es uno de los escritores contemporáneos más importantes de México. Calca en su prosa la soledad y la resistencia humana al organismo caprichoso: la megaciudad. Una conversación sobre el amor y la vida en el monstruo de la Ciudad de México.

DARE: En Europa las preguntas grandes son preguntas de bienestar individual, de sentirse bien. Aquí, en la Ciudad de México, es una cuestión de supervivencia. ¿De verdad?

GF:La Ciudad de México no es en realidad una ciudad. Es un territorio ocupado por diversas corrientes y fantasmas históricos, sociales e individuales. También es un orfanato público. Quienes la habitamos somos una especie de huérfanos de las instituciones sociales las cuales en su mayoría están lastimadas por la corrupción y la ineficacia.

En consecuencia cada quien construye un mito acerca de la ciudad y así recorre la calle o el espacio público sin protección real o civil – la policía no es confiable. La malicia personal, la intuición, el temperamento, o la buena suerte nos ayudan a sobrevivir.


En alemán:
DIE HÖLLE IST BEWOHNBAR